lunes, 22 de septiembre de 2008

Gala de la Cámara de Comercio

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y en este caso, tanto Eugenio como María Luisa están muy pero que muy monos. El periódico Guadalajara Dosmil eligió esta foto tomada por Nacho Abascal para mostrar cómo se divierte la sociedad alcarreña. Junto a unos amigos -Carmen y Manolo- acudieron a la Gala Musical de la Cámara de Comercio e Industria de Guadalajara, donde, según los asistentes, se pudieron degustar manjares de lo más exquisito.

Visita del Presidente Barreda

Viernes de Ferias a la hora del vermut. El Figón en plena ebullición. La corporación socialista aparece con cara de evidente satisfacción. Dos maromos flanquean al hombre del día. Se trata, como ya habrán podido comprobar por la fotografía, del Presidente de Castilla La Mancha, José María Barreda. Rápidamente, El Tole se pone en acción: "¡oido una de pimientos de la huerta!", "¡Que marchen unas ensaladitas de tomate". Mientras tanto, Barreda se da un baño de multitudes; toda la clientela está pendiente del personaje. María Luisa, decidida a fotografiarse con el Presidente, se calza su uniforme preferido y se pone su pañuelo de ferias. A mí me tocó ir corriendo a por la cámara para inmortalizar el momento... Y he aquí el resultado. En el comedor VIP, delante de la parrilla, se encuentran El Tole, María Luisa, y Barreda. Todos muy guapos, por cierto, especialmente María Luisa, como se empeñó en recalcar el presidente castellano-manchego.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Visita del Torero Sánchez Vara




El pasado viernes el restaurante se tiñó de un color muy taurino. El afamado diestro Sánchez Vara degustó las exquisiteces de nuestra carta. María Luisa aprovechó para hacerse una foto.


Guadalajara contará con la presencia de este torero el jueves de ferias, día 18 de septiembre. Compartirá cartel con Fernando Cruz e Ivan Fandiño. Los tres lidiarán toros de Cebada Gago en el Coso de las Cruces de la Capital.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Maria Luisa Rodríguez Urbano


Se presenta ante ustedes modestamente Maria Luisa Rodríguez, Jefa de Cocina del Restaurante El Figón.

Por circunstancias de la vida, allá por el año 1976, di mis primeros pasos como cocinera. Empecé trabajando en una pequeña clínica, preparando diariamente comida para los enfermos. Mi especialidad, por qué no decirlo, era el arroz caldoso. Pocos años después me embarqué con Eugenio en la aventura de El Figón. Pasé penurias. Primero en el patio, sirviendo sangrías, calimochos, oreja, calamares, patatas bravas y gambas gabardina a la juventud alcarreña.

Mi siguiente paso fueron la cocina. Tuve la suerte de empezar con un gran cocinero –y amigo hasta la fecha)- Juan. A partir de ahí mi vida empezó a funcionar entre los fogones y fui ganando experiencia día a día. Cada vez me gustaba más lo que se estaba convirtiendo en mi profesión.

Desde siempre, siempre me han asaltado recuerdos de la infancia mientras cocino: la lumbre de mi pueblo y el puchero de mi abuela. Es por ello que me encanta preparar sopas de ajo, migas, ajo blanco, gachas, rosquillas. Con cariño he actualizado estas recetas, pero intentando conservar su punto tradicional.

Más tarde, me especialicé en hacer escabechados de monte, que no se me dan mal. También he incluido en la carta algunos platos andaluces, como el salmorejo o la pipirrana.

Con el tiempo he aprendido, a base de practicar y ponerle muchas ganas, gracias a las muchas personas que han pasado por mi cocina y me han dejado beber de su sabiduría, a intuir qué le falta a una olla en plena ebullición.

Espero que estas palabras sean las primeras, y no las únicas, y espero compartir con ustedes mis recetas no censuradas, mis vivencias y opiniones

Conoce nuestra historia



Fue en los años setenta cuando el restaurante El Figón cambió de propietario por última vez y pasó a las manos de un joven emprendedor, Eugenio Toledano. En el año 1976 tomó las riendas de un negocio que ya tenía un nombre en la ciudad. Hacía tiempo que el local era un mesón conocido de la zona, y poco a poco fue evolucionando hasta convertirse en uno de los restaurantes con más renombre de la capital alcarreña. Comenzó como una tasca en la que se servían todo tipo de raciones aderezadas en la mayoría de los casos por sangría y cerveza bien fría. Eran tiempos en los que la terraza permanecía abierta durante toda la noche en los días de feria, y la gente disfrutaba de lo lindo con las patatas bravas y la oreja bajo los rosales y la parra. A medio día, decenas de trabajadores llenaban el restaurante para engullir su menú del día antes de volver al tajo.
Las exigencias de la clientela motivaron cambios en la distribución del establecimiento: La barra era demasiado grande y los comedores muy pequeños. Algunos dicen que con esta reforma desapareció la barra más larga de toda Guadalajara. Sin embargo, la mejor solución en aquel momento fue sustituir parte de la barra por un coqueto reservado adornado con trofeos de caza y recortes de prensa del restaurante. Un comedorcito elegante y sofisticado, perfecto para compartir una comida en familia o charlar sobre asuntos de negocios.

Desde siempre, el patio ha sido una de las señas de identidad de la casa, donde hasta hace poco se podían degustar deliciosas carnes y pescados a la parrilla. Muy cerca de la brasa, siempre Eugenio, ataviado en los últimos años con una cinta de tenis, y anteriormente con divertidos delantales. Las carnes y los pescados, de primerísima calidad, siempre han estado expuestas al público, tanto en la terraza como en el interior del restaurante. Al principio, el suelo de la terraza era de arena y las mesas estaban humildemente vestidas con manteles de papel. La pasión por la Virgen del Rocío de Eugenio y María Luisa dotó de un colorido especial al patio, que incluso fue sede una hermandad rociera. A finales de los ochenta se sustituyó la arena por placas de pizarra y en el centro de la terraza se colocó una simpática fuente de piedra con un muchachito haciendo pis. En sus aguas vivieron pececillos de colores durante algún verano, y luego el agua se cambió por tierra, para albergar hierbabuena y otras plantas aromáticas. Desde el verano de 2007, por motivos demasiado largos para explicarlos en estas líneas, la terraza permanece cerrada y se sacan unas mesitas a la Plaza del General Prim en los meses más calurosos, donde también se puede pasar una agradable velada al aire libre.