
Se presenta ante ustedes modestamente Maria Luisa Rodríguez, Jefa de Cocina del Restaurante El Figón.
Por circunstancias de la vida, allá por el año 1976, di mis primeros pasos como cocinera. Empecé trabajando en una pequeña clínica, preparando diariamente comida para los enfermos. Mi especialidad, por qué no decirlo, era el arroz caldoso. Pocos años después me embarqué con Eugenio en la aventura de El Figón. Pasé penurias. Primero en el patio, sirviendo sangrías, calimochos, oreja, calamares, patatas bravas y gambas gabardina a la juventud alcarreña.
Mi siguiente paso fueron la cocina. Tuve la suerte de empezar con un gran cocinero –y amigo hasta la fecha)- Juan. A partir de ahí mi vida empezó a funcionar entre los fogones y fui ganando experiencia día a día. Cada vez me gustaba más lo que se estaba convirtiendo en mi profesión.
Desde siempre, siempre me han asaltado recuerdos de la infancia mientras cocino: la lumbre de mi pueblo y el puchero de mi abuela. Es por ello que me encanta preparar sopas de ajo, migas, ajo blanco, gachas, rosquillas. Con cariño he actualizado estas recetas, pero intentando conservar su punto tradicional.
Más tarde, me especialicé en hacer escabechados de monte, que no se me dan mal. También he incluido en la carta algunos platos andaluces, como el salmorejo o la pipirrana.
Con el tiempo he aprendido, a base de practicar y ponerle muchas ganas, gracias a las muchas personas que han pasado por mi cocina y me han dejado beber de su sabiduría, a intuir qué le falta a una olla en plena ebullición.
Espero que estas palabras sean las primeras, y no las únicas, y espero compartir con ustedes mis recetas no censuradas, mis vivencias y opiniones
Por circunstancias de la vida, allá por el año 1976, di mis primeros pasos como cocinera. Empecé trabajando en una pequeña clínica, preparando diariamente comida para los enfermos. Mi especialidad, por qué no decirlo, era el arroz caldoso. Pocos años después me embarqué con Eugenio en la aventura de El Figón. Pasé penurias. Primero en el patio, sirviendo sangrías, calimochos, oreja, calamares, patatas bravas y gambas gabardina a la juventud alcarreña.
Mi siguiente paso fueron la cocina. Tuve la suerte de empezar con un gran cocinero –y amigo hasta la fecha)- Juan. A partir de ahí mi vida empezó a funcionar entre los fogones y fui ganando experiencia día a día. Cada vez me gustaba más lo que se estaba convirtiendo en mi profesión.
Desde siempre, siempre me han asaltado recuerdos de la infancia mientras cocino: la lumbre de mi pueblo y el puchero de mi abuela. Es por ello que me encanta preparar sopas de ajo, migas, ajo blanco, gachas, rosquillas. Con cariño he actualizado estas recetas, pero intentando conservar su punto tradicional.
Más tarde, me especialicé en hacer escabechados de monte, que no se me dan mal. También he incluido en la carta algunos platos andaluces, como el salmorejo o la pipirrana.
Con el tiempo he aprendido, a base de practicar y ponerle muchas ganas, gracias a las muchas personas que han pasado por mi cocina y me han dejado beber de su sabiduría, a intuir qué le falta a una olla en plena ebullición.
Espero que estas palabras sean las primeras, y no las únicas, y espero compartir con ustedes mis recetas no censuradas, mis vivencias y opiniones
